viernes, 24 de septiembre de 2010

"Odio Blanco" versus "Odio Negro", el desmadre de la sinrazón

Los ciudadanos somos los principales consumidores de información. Esta simple verdad nos hace merecedores de un mínimo respeto.
Los personajes que nos habitan, Dueños de todo tipo de medios estos personajes que nos habitan defienden descaradamente sus intereses económicos mostrando, como nunca, su cara más oscura.
Conservan como herencia espúrea su criterio de cuerpo, sólido en la conspiración, firme en la mentira y negro en la avaricia. Vienen del oscurantismo, apoyo inmejorable de conocidas tragedias argentinas. Sus conocidas prácticas se esconden detrás de un discurso intelectualoide vacío de moral, de ánimo democrático y de elevación espiritual.

No soportamos más a "La Legrand". Sus argumentos son del siglo pasado. Desde su tribuna se condena un odio que ella misma fomenta. Como si odiar desde la posición de poder mediático fuera un “odio blanco” y el supuesto odio de las masas fuera un “odio negro”...
¡¡¡Cuando no!!!
El pueblo siempre conectado a este color...

"Un Leuco" desparramado en un delirio psicótico tan similar a "La Carrió", tan sin razón, tan sin estilo, haciéndose autobombo como si fuera un eslabón importante de la cadena de poder (poder de llegada a alguien) y manifestándose un perseguido político como si no hubiera vivido las épocas del la Triple A o de la dictadura...
Ofendiendo profundamente, porque eso es lo termina haciendo, a los que fueron perseguidos de verdad y cuyos huesos, sabe Dios donde descansan...
Ignorando la tragedia emocional del "los hijos robados" por una dictadura que contó con el apoyo y la colaboración de muchos de los que hoy hablan y resoplan, en su letanía patética, llamando a una cordura que no manifiestan y amenazando elípticamente con aquel remanido discurso de no provocar que pueden volver.
No entiendo el coro repetidor (no es que no lo entienda sino que tanta evidencia descompone), solidarizándose con el oportunismo mientras se oculta con el silencio, la recuperación del "nieto 102"...
¿Este encuentro con la vida no merece un espacio, no es acaso una luz en medio de la noche, un renacer en la esperanza de otros encuentros?

Es tan evidente, es tan procaz, es tan extrema la indiferencia que provoca naúseas.
Siento un asco visceral a tanta mediocridad, a tanto vuelo cortito, a tanta descomposición social de los que no tienen la excusa de no haberse humanizado debido a la exclusión.

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